La comida como conexión con la memoria

 Esta entrada se locutó en Hala Bedi Irratia, radio libre de Gasteiz. Podéis escuchar el audio aquí:

https://halabedi.eus/iritzia/la-comida-como-conexion-con-la-memoria/





Desde hace ya varios años encontramos, cada cierto tiempo, la noticia de que una empresa o una marca concreta ha denunciado el uso de un término específico para un producto que, a su parecer, no debería llamarse así. Pasó con la leche vegetal, que no debería llamarse leche, con el queso vegetal, que no debería llamarse queso, y con las hamburguesas vegetales, que tampoco deberían llamarse hamburguesas. Eso según unos cuantos magnates poderosos que temen que sus negocios, basados en la explotación animal, pierdan clientela. Como si el capitalismo vegano no se hubiera puesto las pilas creando su propio nicho de mercado.
Personalmente, el tema de la nomenclatura me importa bastante poco. Yo lo voy a seguir llamando leche aunque sea de avena, pero resulta interesante cómo éste es un tema recurrente incluso entre las propias personas que no comemos animales. Por qué dar forma y, en ocasiones, sabor de hamburguesa de vaca a una hamburguesa de lentejas es importante, y es un asunto que, creo, va más allá de la inclinación personal.
Y es que la alimentación es un tema muy concreto desde un punto de vista sociocultural. La comida nos habla de clase, de recursos, de gustos, pero también de tradiciones, de recuerdos y de costumbres. Habla de tiempo y habla de querer recuperar algo de él, y ahora que se acercan fechas de juntanzas (para quien quiera y pueda), sentarnos alrededor de una mesa con comidas tradicionales y de nuestra infancia es algo que, a algunes, en ocasiones, nos sigue gustando rememorar.
Puede que las tradiciones cambien, puede que algunas no lo hagan por mucho que nos gustara que así fuera, y puede que generemos otras nuevas que nos hagan infinitamente más felices, pero la comida tiene algo de profundo, de intrínseco, que nos conecta no sólo con lo rico que es comer, sino con unos recuerdos y memorias asociadas a lo más profundo de nosotres.
Porque, cuando se trata de lo que comemos, no sólo nos alimenta lo que nos llena la tripa o nos proporciona placer en el gusto, sino que la alimentación se convierte en una experiencia estética y memorística que nos lleva a otros lugares, a momentos alejados en el espacio y en el tiempo que podemos vivir simplemente con sentarnos ante un plato en una mesa. La comida alimenta el cuerpo, y también el alma.
Y aquí es donde entra en juego el trampantojo de generar alimentos nuevos con apariencia de los de nuestros recuerdos. Un chorizo que sea de calabaza, una tortilla con harina de garbanzo, incluso unas gambas de tofu y algas pueden suponer una estrategia alimentaria que nos reconecte con ciertos lugares, a la vez que mantenemos una ideología y unas costumbres que hemos adquirido con el paso de nuestra vida. Un forma nueva de hacer lo viejo, más justa y más saludable para todes, aunque queramos ponerle el nombre de lo que tradicionalmente se ha elaborado con otra materia bruta: les animales.
Esto es algo que molesta profundamente a quienes rechazan el veganismo en una defensa exacerbada de su identidad, como si la existencia de quien no quiere comer animales supusiera una prohibición de su derecho de hacerlo. Y que sea su derecho es un tema que podemos tratar en otro momento, porque ahí hay mucho que decir, al menos en un contexto sociohistórico como el nuestro. Los derechos de la peña blanca hija del colonialismo están asentados sobre el expolio de todes les demás.
También lo saben quienes se enfrentan a que pongamos nombres tradicionales a productos nuevos, que se asemejan en textura, forma y sabor a los clásicos aunque sus ingredientes principales sean vegetales. Porque no pasa en otras situaciones, no se da tanto rechazo cuando hablamos de una tortilla de patata deconstruida o un postre de chocolate con apariencia de morcilla de sangre de cerdo. Sucede con los productos vegetales y es así porque este cambio, por mucho que se haya capitalizado y las grandes marcas los vendan en supermercados, va mucho más allá de un simple cambio de dieta y de elección de producto, aunque también sucede por ello.
Si somos lo que comemos y lo que comemos cambia radicalmente en su base de fabricación, otros cambios pueden acercarse que se supongan más éticos, más justos, menos violentos para les otres. Aunque no todo el mundo consume productos vegetales por el respeto a les demás animales, ni toda la gente que no consume animales evita consumir productos ultraprocesados de grandes, o no tan grandes, superficies, lo que se genera alrededor de la mesa, frente a un plato de comida, tiene mucho más de cultura e ideología que de necesidad fisiológica. 
A pesar de que el gusto es uno de los sentidos menos valorados, en occidente al menos (si el COVID nos hubiera dejado sin vista en lugar de sin gusto y olfato, las consecuencias hubieran sido muy diferentes para nosotres, centralistas de la visión), sabemos que un bocado determinado, que saborear algo aunque sea totalmente otra cosa puede removernos las entrañas sin necesidad de la realización de la ingesta completa. La apariencia, la cercanía de los sabores nos transportan a lugares comunes, o personales en un recorrido particular de vida que tiene mayor fuerza que el rechazo a llamar a algo nuevo por el nombre de algo antiguo.
Creo que la base de una cultura se forma, principalmente, por la alimentación. Pocas cosas se dan con tanta intensidad y generan una identificación tan arraigada. Cambiarlo, al igual que tantas otras cosas de tanto peso en nuestra historia de vida, es cambiar una parte de nosotres mismes a la que, a veces, no queremos renunciar.
Por eso, si en estas fechas, o en cualquier otras, te apetece comerte unas gambas hechas con base de algas, blanco de tofu y naranja de zanahoria, dale rienda suelta a tu imaginación, y deja que tus sentidos te lleven a lugares insospechados, o a los más deseados, gozando de un hecho tan cotidiano como llevarte un bocado a la boca, y disfruta de rabiar a todes aquelles que, en su reaccionismo, se empeñen en quejarse por llamarlo por el nombre de algo que sí es.






Comentarios

Entradas populares de este blog

Visibilidad trans

Abrazar la sombra de los cuidados

Eliminar los derechos LGTBIQA+ es allanar el camino a la ultraderecha