El mundo en un reel
Este texto se locutó en Hala Bedi Irratia, radio libre de Gasteiz.
Podéis escuchar el audio aquí:
https://halabedi.eus/iritzia/el-mundo-en-un-reel/Esta última temporada está siendo dura a nivel emocional, físico y anímico en general. No estoy en la mierda, pero no
to que mi cabeza busca muchos escapes para no pensar, pasar el tiempo y entretenerme un rato con cosas vacías que no
me supongan esfuerzo y me vengan dadas como para zombificarme un poco el cerebro, que a veces es necesario. No es
bonito pero son cosas que pasan, qué le vamos a hacer.
“Afortunadamente” (así, entrecomillado irónico), vivimos en una época perfecta para ello. Si no te da el coco para leer
un libro, para hacer una manualidad, ver una película o lo que sea que te haga despejarte, no importa: coge tu móvil,
abre alguna red social donde puedas ver reels, shorts, tik toks o la palabrita inglesa que te apetezca y tendrás entretenimiento
para rato.
Así he descubierto un mundo nuevo que asombra y aterra a partes iguales. Constantemente se asoman vídeos de gente
viajando y descubriendo rincones que nadie conocía, hasta ese momento; tradwifes (o mujeres que siguen las tradiciones
más rancias de parir, cocinar, limpiar, servir, parir, cocinar, limpiar, servir, una y otra vez y todo a la vez) que hacen pan
de masa madre y mantequilla casera para desayunar mientras sus maridos son los que trabajan fuera de casa, como Dios
manda; gente que hace muchas cosas muy interesantes, que de tanta gente que son y de tantas cosas interesantes que
hacen me generan ansiedad por estar quedándome atrás o desperdiciando mi vida, aunque no sea cierto en absoluto. Todo
esto por poner algunos ejemplos, pero hay más.
Gender revels o las fiestas del rosa y azul para, cada vez antes y más intensamente, marcar a los seres humanos de manera
binaria según lo que tengan entre las piernas (aunque luego seamos les trans les culpables de reafirmar el género, ¡ja!),
la romantización de la cocina y la limpieza de casas beige y “aesthetics” (aunque las personas dedicadas a sostener la
vida y quitar la mierda real del mundo sean mujeres migrantes, empobrecidas, acosadas y maltratadas por un sistema
que las invisibiliza y precariza sin ningún miramiento), las compras compulsivas que tienen a repartidores conduciendo
cientos de kilómetros cada día en trabajos precarios y peligrosos (de esto hablamos en otro momento), a personas
trabajando 22 horas al día por un dolar al mes y contaminando ecosistemas enteros sólo para tener armario, cocina y
decoración actualizada cada cinco minutos.
Estas vidas que nos enseñan las redes son el espejismo de un mundo que no es real, sólo una pantalla visualmente bonita
para que obviemos que la realidad que habitamos es extremadamente hostil, que el fascismo crece a pasos agigantados y
que el cambio climático es un hecho al que no todes sobreviviremos. Y esto está intrínsecamente relacionado con los
vídeos anteriores.
La gente necesita desconectar porque las vidas que hemos construido, que son las únicas que los sistemas de opresión
que habitamos nos han permitido, nos consumen y amargan mientras viajamos en metros saturados, trabajamos jornadas
de trabajo insasumibles y por sueldos que no llegan para pagarnos un techo ni para dar la calefacción, si la tienes.
Desconectamos para no pensar en todas las cargas que tenemos encima porque el mundo tampoco nos permite espacio o
herramientas para ponernos a solucionarlas.Y en esa necesidad de desconexión, se nos cuelan imágenes que van calando
poco a poco en nosotres y en nuestres jóvenes, imágenes llenas de simbolismo que instauran un tipo de vida, de experiencias
y de formas de habitar el mundo que unifican, clasifican y normalizan de manera que seamos, aún más, una masa ingente
que consume en los mismos sitios, de la misma manera y de forma continuada. Ideologías reaccionarias que constriñen
el mundo.
El capitalismo ha sabido extenderse generando necesidades que realmente no salvan a nadie, el mercado lo domina
todo y no tiene reparos en arrasarnos con tal de ganar unos cuantos euros más. Los saberes tradicionales importantes
se han convertido en actividades que monetizar en internet, centrando la importancia en los likes y las visualizaciones y
generando contenido que nos mantenga enganchades a un aparato que causa genociodio y explotación, desertizaciones
y contaminaciones masiva en lugares del planeta que sufren cada día, y desde hace siglos, las consecuencias
de nuestra “modernidad.
Creo que una desconexión masiva podría tener un gran impacto en ese 1% que controla la riqueza mundial.
No hablo de un día de apagón, aunque nos sirva para darnos cuenta de que nuestras vecinas tienen nombre
y que podemos echarnos la tarde en la plaza charlando y comiendo pipas. Creo que el 99% tiene que poder
hacer algo, tenemos que vencer el espejismo de las redes, el engatusamiento de lo visualmente encandilante y,
de manera crítica, quitarle el poder a esos vídeos que tanto nos adormecen.
Las redes sociales son útiles, sí, y pueden generar cambios y conectar a gente de forma positiva en muchos
aspectos de la vida, pero la individualización y la persecución a toda costa de rentabilidad en unos espacios,
reales o simbólicos, que han sido generados por empresas multimillonarias y que nos dan, supuestamente, de
forma gratuita para que los tengamos al alcance de la mano, no pueden sino llevarnos a los mismos
lugares de siempre, perpetuando conductas y estereotipos, políticas reaccionarias, comportamientos
dañinos para el mundo y para todos los seres que lo habitamos.
Apaguemos el móvil de vez en cuando, empecemos poco a poco a cambiar dinámicas. Pon carteles en papel en la
calle, queda con tus colegas para hablar en persona. Recicla ropa y comida, compra de segunda mano,
vive experiencias que no necesiten ser mostradas ante miles de personas.
Empecemos poco a poco.
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