La desprotección del lobo: una medida fascista, machista y antifeminista

 Este texto fue locutado en Hala Bedi Irratia, radio libre de Gasteiz.

Podéis escuchar el audio aquí: La desprotección del lobo: una medida fascista, machista y antifeminista – Hala Bedi


La desprotección del lobo: una medida fascista, machista y antifeminista 

     Hace unas semanas conocimos la noticia de que volverá a ser legal cazar al lobo al norte del río Duero. Las manadas salvajes, que desde 2021 entraron a formar parte del Listado de Especies en Régimen de Protección Especial, han sido blanco de bulos y acusaciones desde entonces, desmentidos y enfrentados una y otra vez por las asociaciones ecologistas y los estudios científicos. 

     Esta medida supone un paso más hacia la derecha en la deriva fascista ultracapitalista que los gobiernos europeos están tomando en los últimos años. El uso y dominio de los seres humanos y no humanos y los ecosistemas vistos como recursos económicos y recreativos es uno de los pilares fundamentales de un pensamiento imperialista que quiere ampliar sus redes de acción hasta dominarlo absolutamente todo. 

     Veamos algunos de los argumentos que se han utilizado en favor de volver a cazar lobos con mayor detenimiento: cuando se habla de que el crecimiento descontrolado de las manadas aterroriza a familias e impide que acudan libremente a la escuela o al centro de salud por miedo me vienen a la cabeza los discursos antiokupas que han convertido salir a comprar el pan en un deporte de alto riesgo y, de paso, han aumentado los beneficios de las empresas de seguridad hasta casi los 80 millones de euros; cuando se dice que la sobrepoblación supone un aumento del número de animales de ganado muertos y pérdidas económicas irrecuperables para el sector ganadero, me vienen a la mente las supuestas oleadas de migrantes “que roban el trabajo y la ayudas” que los partidos de derecha se empeñan en inventar y azuzar una y otra vez, y que también ponen como excusa para ampliar, cada vez más, los sistemas de control y vigilancia a la población por los cuerpos de seguridad del Estado. 

     Además, el hecho de que existan medidas efectivas de protección de los rebaños utilizadas desde hace siglos para asegurar que ningún depredador se acerque a los animales que pastan en la ganadería extensiva pero que ninguna de ellas sea válida para quienes han votado a favor de la desprotección del lobo me lleva a pensar que quienes tanto abogan por la tradición y la defensa de los medios rurales no tienen el menor interés en él salvo que sea para acudir una tarde de domingo con la escopeta al hombro. Y es que llama la atención que el control de una especie que está en peligro al ver reducido cada vez más su hábitat y los ecosistemas de los que se puede servir para sobrevivir sea avalado por la ley mediante la caza y actividades cinegéticas; parece que la medida para atajar el supuesto problema poblacional tiene que pasar inexorablemente por la violencia y el entretenimiento de un sector muy concreto de la población, que entiende su diversión rodeada de escopetas y munición y que se enorgullece mediante imágenes de señores posando con sus armas de fuego y animales de todo tipo muertos a sus pies. No creo que a nadie le resulte muy difícil pensar algún ejemplo sobre ello. 

     ¿Hay algo que tenga un mayor vínculo con el fascismo, las derechas, los machitos y el capitalismo que empuñar un arma y apuntar con ella a quienes no tienen posibilidades de sobrevivir? Y ojo, que no estamos hablando del homo sapiens y sus supuestas expediciones de caza entre machos para alimentar a su tribu (por cierto, ampliamente desmentidas por la ciencia y estudios académicos de los últimos años): hablamos de una actividad recreativa considerada deporte que consiste en disparar a animales salvajes indefensos. 

     La violencia es una de las estrategias que los sistemas de poder ejercen con el respaldo legislativo y de las instituciones para perpetuar sus dinámicas y formas de hacer, una manera de que los Estados violentos y patriarcales se protejan indefinidamente de forma que quienes ostentan los privilegios los conserven. Por eso rechazamos a la policía, sabemos que no está aquí para protegernos ni servirnos, por eso la desprotección del lobo no engaña a nadie: quien piense que realmente los animales salvajes amenazan al ser humano, cuando somos la única especie que se ha propagado arrasando todo a su paso para convertirlo en dinero y basura capitalista, es que no tiene ni idea de cómo funciona el capitalismo, de cómo funciona el poder. Quien piense que dar caza es la medida más efectiva para un supuesto crecimiento poblacional, debería mirar a su alrededor y valorar quién está más extendido, quién mata más animales para comer, quién arrasa con más hectáreas de bosque y monte. 

     La desprotección del lobo no responde a una necesidad sino a un entretenimiento, uno casposo y violento que ha primado por encima de los intereses de una especie única que forma parte de los montes y espacios naturales, y que el ser humano y la cultura de la virilidad tóxica, una vez más, amenaza con destruir.




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