El ojo izquierdo (La mala costumbre, de Alana Portero)
“Es el ojo izquierdo, y ese no se equivoca nunca, si mira para un sitio diferente al otro aaprovéchalo, algo te estará diciendo que mires” es la profecía que da comienzo al viaje que Alana S. Portero nos invita a transitar con ella en La mala costumbre, su primera novela. Un viaje que la propia autora entiende como una visión moderna del viaje clásico del héroe, de la heroína diría yo, ése en el que transitamos por llamadas, encuentros, cavernas y resurrecciones para llegar al destino final, uno en el que la heroína se encuentra plena y llena de orgullo por los pasos que marcaron su camino y la llevaron hasta el sitio en el que debe estar.
La mala costumbre relata la vida de una niña cuando no la dejaron serlo, en un Madrid de barrio consumido por la droga, y la vida obrera condicionando todo lo que sucedía a su alrededor. Pobreza, empatía, heroína, dolor y admiración conviven en el barrio de San Blas en el que la protagonista encuentra los primeros referentes que la ayudarían a ser la mujer que se moría por ser.
Creo que ése es uno de los pilares principales de la obra: la búsqueda de una historia, de una comunidad; la admiración a aquelles que llegaron antes que nosotres, que vivieron una vida propia para mostrarnos que sí, que se puede hacer. Para darnos esa chispa de fuerza que a veces, por mucho que queramos, nos es imposible conseguir.
Y es imposible porque el mundo a nuestro alrededor nos lo pone difícil. Parece que en la obra Alana quería enseñarnos que estar cerca de algo no significa que llegues a conseguirlo: tienes que estirarte, poner todo de tí y agarrarlo con todas tus fuerzas, impedir que las palabras y las palizas te lo arrebaten.
Y es que para nosotres, para las personas trans, hay muchas partes de la vida que se nos han robado: la infancia libre, la libertad de elegir lo que somos, la intensidad de la adolescencia y la visión de que algo bonito podía llegar. Ese miedo inoculado en cuentagotas que no cesa, que no para, se convierte en una pátina que puede cubrir cada aspecto hasta hacernos paralizar. No siempre pasa, es cierto, pero ¿quién puede culpar a quién sí lo hace? El mundo es hostil a lo diferente, y la gente trans supone una ruptura que tambalea los cimientos más profundos de las sociedades patriarcales, que pone en jaque el sistema familiar cisheterosexual y juega con los papeles que tan categóricamente nos asignaron. Por eso, libros como el de Alana son imprescindibles para luchar frente al rechazo reaccionario de quienes quieren un mundo de odio y miedo.
Pero en este libro también encontramos amor: el amor de barrio, de familia, y el amor juvenil. Una historia de amor perfecta con un final amargo que, al menos, nos consuela un poquito en medio de tantos y tantos referentes que salieron mal.
Uno de ellos, en ese propio libro: en un momento de la obra encontramos un salto temporal, un vacío de 13 años en el que entendemos que no se vive, se sobrevive como se puede, a pesar de todo y con el peso de todo. Una alegría, una euforia arrebatada a la entrada de una estación por unos indeseables que cada vez se están convirtiendo menos en personajes ficcionados y más en realidades que, a algunes, nos asustan, y llenan de ganas de luchar a partes iguales.
La mala costumbre habla de la liberación de un yo que estaba ahí pero tenía miedo de salir, de la valentía en la lucha por la propia identidad, del miedo a sufrir unas consecuencias tan reales como patadas en las costillas. Habla de la familia que te elige y a la que elegimos, la que nos cuida, que nos enseña que una vida libre, aunque jodida y precaria, también es una opción. También habla de la familia de sangre, ésa que no elegimos y que, si tenemos suerte, se esfuerza por entendernos aunque no sepamos cómo hablar, que nos cuidan con gestos cotidianos y tan conocidos que significan palabras de amor en nuestro corazón..
Con una prosa arrebatadora, dulce y plagada de alusiones mitológicas que nos sitúan cerca de un plano divino habitado por mujeres fuertes, fieras, supervivientes y poseedoras de esa esencia que la protagonista no consigue liberar, las mujeres que se cruzan en su camino conforman una senda de experiencias que permean en ella y, poco a poco, le darán sus alas para volar. Las vecinas que le echaron maldiciones, las que se entregaron al cuidado con tanto amor y devoción que duele de sólo leerlo, las Moiras que plasmaron su destino en peinados estirados y botas de satén van tejiendo la red de Aracne que es el pasado que todes necesitamos, el sostén histórico y cultural que sólo reconoce imprescindible quien no lo tiene.
Los referentes, esa gran familia atemporal que todes necesitamos, son quienes enseñan a nuestra protagonista que su camino es posible y, sobre todo, válido. Que el mundo siempre va a intentar que no te salgas de sus moldes pero que hacerlo nos puede acercar a la belleza de lo extraordinario de una existencia propia, libre y única.
El libro comienza con una historia de admiración, y cierra con una de devoción. Las mujeres de las que la protagonista, y la propia autora, han bebido para calmar su sed son las que conforman a una mujer en búsqueda constante de encontrarse en un mundo que piensa que no está hecho para ella, uno que dice que no hay espacio para seres mitológicos de una belleza que es incapaz de comprender.
La mala costumbre es un libro que se devora desde la primera a la última página. María La Peluca, Margarita, Alana… Todas ellas nos enseñan lo hermoso que es ser tú misme, y lo importante de la unión, la búsqueda y el amor, el amor a otres y el amor a une misme. Quizá el primer paso es sabernos merededores de él, a pesar de que el mundo nos grite lo contrario.
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