La mirada masculin(izad)a
Hace unas semanas terminé de leer La Invención de las Mujeres. Una Perspectiva Africana
sobre los Discursos Occidentales del Género, un libro de Oyèrónké Oyèwùmí en el que analiza
de forma muy interesante cómo la categoría “mujer” fue impuesta en la África colonizada, y
cómo esto llevó consigo la eliminación de la forma de organización social previamente
existente en la tierra Yorùbá, basada en la edad y en la senioridad.
Una de las ideas que más me ha llamado la atención es su afirmación y argumentación de que,
en Occidente, la vista es el sentido privilegiado sobre todos los demás (esto es bastante evidente), y
ésta tiene estrecha relación con la mirada patriarcal masculinizada. Mejor dicho, tiene estrecha
relación con la mirada cisheteropatriarcal masculinizada. Me explico:
El sentido de la vista prima la imagen superficial del entorno y de los cuerpos, y realiza una
lectura basada en categorizaciones, en estereotipos de lo que un cuerpo con unas características
determinadas, o la falta de ellas, permitirá hacer; y no sólo de manera física, y aquí viene la lectura
masculinizada que ha sido el apoyo del establecimiento del cisheteropatriarcado como sistema de
opresión mayoritario, sino también de manera intelectual, relacional, racional, etc. Todo ello apoyado
en un sentido que ha tenido más que ver en todo esto de lo que hubiéramos imaginado.
Según Oyèrónké, la creación de dos categorías diferenciadas, hombre-mujer, sobre la base de
una lectura biológica (o bio-lógica) concreta, pene-vulva, constituye el establecimiento de los
cimientos sobre los que se ha construido todo el sistema sexo-género que la colonización impuso allá
donde fue con el objetivo de generar comportamientos sociales que permitieran diferenciar
capacidades, quehaceres, ámbitos de pertenencia, etc., de manera que el sistema capitalista se
estableciera partiendo de la mirada (nunca mejor dicho) masculina occidental (este matiz es
importante).
La autora derriba de un plumazo la idea de que, por un lado, la opresión de las mujeres ha sido, y
es, universal, ya que la definición concreta sería capitalista-colonial-occidental-cishetero-patriarcal, puesto que
existen formas diferentes de organización que el colonialismo intentó extirpar de raíz; por otro, derriba
el pensamiento de que unas características físicas concretas suponen unos comportamientos e
intereses concretos, eso que a las feministas tránsfobas y otras tantas fachas tanto les gusta criticar
cuando se trata de cuerpos con coño pero que son incapaces de superar cuando hablamos de
cuerpos con pene; vaya, que un útero no te destina a parir pero un pene te empuja a entrar a los
baños a violar señoras (cis, por supuesto).
En una sociedad que valora ante todo la imagen que se expone hacia el exterior, encaja que la
clasificación de los cuerpos para su lectura social tenga su base en el sentido que permite realizar
esa misma clasificación llena de prejuicios de manera previa, una categorización (supuestamente) visible que permitirá
asentar en la biología toda la construcción sistémica, social y cultural posterior.
Partiendo de esto, me interesa mucho la idea de que el privilegio que le otorgamos al sentido de
la vista genera lecturas, muchas de ellas inconscientes, que nos condicionan en la percepción del
mundo que nos rodea, de las personas y de la manera en la que lo habitamos. Nuestro marco de
referencia (el occidental, capitalista, colonialista, cishetero patriarcal, y un largo etcétera) condiciona
firmemente lo que observamos, entendemos y asimilamos del entorno que nos rodea. Es una barrera
invisible que restringe todo lo que nos podemos llegar a preguntar, cómo nos lo preguntaremos y qué
respuestas serán posibles y cuáles no.
Esto es importante porque impacta en nuestro comportamiento, en nuestra lectura del mundo y
de les otres en absolutamente cada paso que damos. La categorización del mundo desde una perspectiva colonial masculinizada es una
perspectiva que llevamos intrincada en nuestras células y que imponemos allá donde
vayamos, o allá donde miremos, aunque pensemos que no lo hace.
¿Qué sucede con las imágenes mentales que nos hemos generado y que no permitimos
cambiar incluso aquellas personas que nos suponemos en deconstrucción? ¿Somos conscientes
de todas ellas o nos dejamos llevar por una especie de sesgo de confirmación en el que sólo
vemos aquello que nos reafirma en nuestras creencias y percepciones y obviamos todo lo que
podría ponerlas en cuestión?
Y no me refiero sólo a grandes artimañas sociopolíticas de estructuras mucho más grandes
que nosotres y que, parece, escapan a nuestro control. Me refiero a esa persona a la que
encasillamos en un espacio y no somos capaces de ver más allá de eso, a esas características
positivas o negativas que imponemos sobre alguien y que, pase lo que pase, no vamos a
modificar. A la lectura positiva o negativa de alguien según lo que nos hayan contado de ella.
¿No está esa mirada totalmente condicionada por nuestra pre-visión cishetero patriarcal? ¿Es
posible, en un mundo dominado por la mirada, hacer que ésta sea objetiva?, ¿qué significa
“objetiva”? ¿Y esas lecturas que hacemos de nosotres mismes sobre lo que somos, o no
somos, y que cuesta años de voluntad, trabajo y quizá incluso terapia cambiar?
¿Tanto difieren nuestros estereotipos mentales de los de aquellas personas que sólo ven coño-mujer,
polla-hombre, y no van más allá? Quizá la base sobre la que formamos nuestros prejuicios,
nuestros rechazos, nuestras imposiciones obligadas hacia todo aquello que nos rodea sea
exactamente la misma. Quizá esta herramienta, estas pequeñas conexiones visual-mentales
del sistema cishetero patriarcal colonialista hayan pasado desapercibidas demasiado tiempo.
Es como una de esas cosas que son evidentes cuando las conoces pero que son invisibles si
no hay alguien que te dice “hey, fíjate en esto”. Ese alguien para mí ha sido Oyèrónke. Al
margen de que algunas de sus ideas me parecen un poco cuestionables, considero su texto
una lectura imprescindible en todo Occidente y en los espacios donde el feminismo
hegemónico, ese blanco y burgués, y todes les demás, creemos saberlo todo.
Comentarios
Publicar un comentario