Cuando el pronombre no importa
Hace un par de semanas encontrábamos la noticia de dos hermanxs que habían saltado por el balcón. Uno murió, la otra estaba herida gravemente.
Esta noticia ha sido relevante por muchos motivos: suicidio de personas jóvenes, acoso, bullying… Y una malgenerización (1) constante por parte de los medios a uno de los jóvenes que no pudo más con el rechazo y la transfobia que le rodeaban día a día.
Las referencias que se hicieron en las noticias de diferentes periódicos al niño que se ha suicidado han sido constantemente irrespetuosas, transfóbicas, banalizadoras de realidades cotidianas de rechazo y de odio que las personas trans vivimos en el día a día. Una y otra vez se le ha mencionado con un pronombre que no era el elegido por el niño, se ha utilizado su nombre impuesto y no el que él mismo eligió, y se ha hecho hincapié constante en que la persona que ha saltado por un balcón porque ya no soportaba el odio y el rechazo era alguien que no era. Su muerte le ha servido para no seguir sufriendo, pero la complejidad y la profundidad del dolor que sentía no se quiere entender. El ego y el odio hacen que la visión que tenemos de quien nos rodea sea más importante que las propias personas que piden, a gritos, que les dejen ser como quieren ser.
Escribo desde el dolor y la tristeza. Escribo desde la rabia. El uso de los pronombres adecuados es uno de los elementos más importantes que tenemos que valorar si queremos construir espacios seguros y respetuosos para las personas trans, alejados de la transfobia que impera día a día y que muchas personas se empeñan en llevar por bandera.
Ayer, 8M, aparecieron lemas en las manifestaciones cargados de odio y rechazo hacia las realidades y las vidas trans: “Los hombres no son nuestras compañeras, son el opresor”; “Fuera nabos de nuestros espacios”; “Saca tus cojones de mis competiciones”, “Su cuerpo no está mal, es homosexual” (2). Estas consignas nacen de visiones acotadas, fascistas, opresoras y cargadas de una necesidad de imposición que ha elegido como objetivo, de nuevo, a personas vulnerables por su mera existencia en un sistema que delimita y condiciona las realidades que serán apropiadas para vivir, así como las que se convertirán en un infierno si no se aceptan los mandatos del poder y la sumisión a la normatividad establecida.
Y eso, amigxs, se reproduce en ámbitos y escalas cuyo impacto tiene exactamente la misma importancia, sea en concentraciones masivas como la del 8M o en nuestros espacios de resistencia y activismo, nuestra familia, nuestra consulta o nuestros trabajos. El hecho de que unos espacios aparezcan en la prensa y otros se queden en la retina y las vivencias de individualidades que lidian con ello en sus entornos más cercanos no convierte en diferentes estas realidades, no las descarga del odio ni suaviza la punzada en nuestros cuerpos. Sobre todo, no establece diferencias en niveles de falta de empatía. No distingue en cantidades de dolor.
Si pensamos que las peticiones que nos lanzan quienes nos rodean tienen más margen de error que eslóganes y titulares, cometeremos el peligroso error de trivializar el poder que tienen las palabras que utilizamos. Es evidente que los desaprendizajes llevan tiempo, y que las adaptaciones son progresivas y diferentes según cada persona, pero acomodarnos en la posibilidad de error que nos otorga el privilegio cuando hablamos de realidades que afectan directamente a quienes ocupan posiciones claras de desventaja con respecto a nuestra realidad sólo seguirá reproduciendo las dinámicas de poder y de control de esos sistemas que tanto detestamos, simplemente porque nuestra posición en la jerarquía nos permite hacerlo.
Dale importancia, tómalo en serio; alza la voz cuando dañen a quien te rodea, alza la voz por quienes se han agotado hasta la extenuación de hacerlo por sí mismxs. No cambiaremos nada si rechazamos una manifestación transfóbica pero malgenerizamos a lx colega que tenemos al lado o permitimos que se haga.
Y a ti, que te has cansado de hacer pedagogía gratuita, que has agotado tu comprensión y tus “no pasa nada” porque no puedes afrontar más el mismo dolor constante, la misma explicación… Sólo puedo decirte que te entiendo, que estoy contigo. Y que me parecerá legítimo si llega un día en el que decides mandarles a todxs a la mierda cada vez que alguien le reste importancia a tu realidad. Ánimo.
“Malgenerizar” es el acto de referirnos a una persona con un pronombre con el que no se identifica.
https://www.eldiario.es/sociedad/8m-impone-medio-ruido_1_10014232.html
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