Stone Butch Blues

 

STONE BUTCH BLUES                                                               

 

               El blues es un estilo musical que utiliza patrones de llamada y respuesta, o eso dice wikipedia. Lo que yo sé es que la palabra, blue, como el color, se utiliza para designar sentimientos como la melancolía o la tristeza, ambos presentes en esta maravillosa obra que Antipersona ha traducido para que podamos sumergirnos en sus páginas en castellano.

            Stone Butch Blues es una historia muy especial, tan especial que escribir sobre ella parece demasiado grande; cuando lo hago, quiero tener cuidado y me preocupa no ser capaz de reflejar completamente la inmensidad del relato y el abanico de matices que la historia nos transmite. Y no hablo de un transmitir literario, hablo de un transmitir emocional, físico, que pueda atisbar las intensas emociones y vivencias que nos esperan en este texto de Leslie Feinberg, porque esta obra se te mete tan dentro, te remueve y te conmueve tanto que no merece menos; creo que pocas historias logran hacerlo de esta manera.

          Stone Butch Blues cuenta la historia de Jess Goldberg, personaje ficcionado que encarna la propia biografía de Leslie Feinberg, y que se identifica como lesbiana judía butch del norte de Estados Unidos. Su vida supone un camino tortuoso tomado a la fuerza que atraviesa los prejuicios y paradigmas de una sociedad cuyos valores están anclados en la normatividad y los estereotipos más encorsetadores, y que oprime cualquier forma de existencia que destaque y se desmarque de sus expectativas. De la mano de Jess viviremos el rechazo familiar y el bullying, dejaremos la escuela y nos adentraremos en el mundo laboral, el espacio de las fábricas y las cadenas de montaje, donde su estética y corporalidad podrían, quizá, pasar desapercibidas y tener, quizá, un pequeño respiro. Nos lleva a los bares donde las butch podían ser butch y las femme podían ser femme, y junto a las putas y las trans vivir momentos de respiro. Nos habla de huelgas y movimientos sindicales, de heridas y de violencia, de abusos policiales y desprecio lleno de prejuicio. Nos lleva a la cárcel y al psiquiátrico. Jess nos deja entrar en su vida y nos muestra sus cicatrices, y de ahí no es fácil salir.

           Jess vive en un mundo intransigente en el que su mera existencia y su presencia física suponen un gran desafío para la mayoría de la sociedad. Esto le causa un gran dolor, heridas de las que te rompen el cuerpo y, en su mayoría, el alma. Aun así, y aunque parezca que no lo sepa, lo más bonito de Jess es su fuerza, su potencia, su capacidad para seguir adelante y la búsqueda incansable de su espacio y de su propia manada Nos deja entrar en su vida y nos regala realidades que sólo se pueden entender si son vividas, si te atraviesan en diagonal por cada una de las células del cuerpo y te muestran un mundo oculto que permea todo lo demás.

No saben lo que soy y eso les vuelve locos

           La lucha por apropiarse de los espacios, las estéticas y los deseos es la lucha por apropiarse de la propia vida. Leslie nos muestra lo crudo de su realidad, no omite la dureza de su existencia ni de sus experiencias y logra hacerlo de manera que entendamos que hay realidades muy complejas y violentas que no son excepcionales, sino de una cotidianidad apabullante, que conviven a nuestro alrededor y sobreviven a ese dolor cada día. Su historia son los pilares de una sociedad odiante y un cemento cargado de rabia pero, al mismo tiempo, cargado de amor. Es por eso que todo el libro está plagado de relaciones de acompañamiento, de amores y desamores, de vínculos, de pérdidas, de cuidados y de afectos. Hay palabras que no se dicen con los labios e idiomas que se aprenden en la piel, hay corazas que nos protegen y nos vulneran al mismo tiempo. Sorprende ver cómo la adrenalina de la supervivencia nace, a veces, del más profundo dolor, y cómo este dolor es tantas veces compartido.

Recuperar la memoria colectiva es, en sí mismo, un acto de lucha

         La contraportada la define como “una obra de culto en la comunidad LGTBQ y una de las novelas más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX”. Que no haya sido traducida al castellano hasta ahora es muestra de que experiencias vitales como las de Leslie habitan aún en unos márgenes que, a pesar de ser cada vez más evidentes y ocupar poco a poco un lugar más central en la realidad de mucha gente, tienen reservado un espacio inferior en las jerarquías dominantes de identificación y agrupación social. La visibilización de historias, de vidas tan alejadas de los idearios hegemónicos como la de Leslie, cobra cada vez más cabida en nuestras realidades y representaciones culturales, y que las editoriales independientes, cada vez más numerosas, le otorguen la importancia que merece, no sólo ocupando páginas de libros sino como idearios y vivencias legítimas, es prueba de que algunes, les Otres, les Anti-, nos empeñamos en cambiar eso.

Prefiero que me hayan castigado por defenderme a mí 

misma que haberme convertido en otra víctima del odio

          Creo que el eje que vincula toda la obra y que actúa de sostén a lo largo de una existencia cargada de experiencias nacidas del odio y del rechazo es el saber inherente que quienes habitan esos márgenes sociales y representativos parecen tener: la importancia de los vínculos, de la red, de compartir con tus iguales aunque en el fondo seamos tan diferentes como cualquier otre. Una búsqueda de apoyos que adelanta la necesidad de crear familia más allá del linaje, de los lazos que sostienen y protegen de los ataques cotidianos y pulsantes que sólo se entienden cuando te han atravesado la piel. La sociedad es más hostil de lo que puede parecer y son los cuerpos como los de Jess, como los de Leslie, los que actúan de escudos obligados que protegen a la norma de la extrema realidad.

No sé qué hace falta para cambiar el mundo. ¿Pero no

podríamos juntarnos para descubrirlo? ¿No seríamos más fuertes?

         Stone Butch Blues es uno de esos libros que necesitas devorar, que crea adicción desde la primera hasta la última letra. Sus heridas se convierten en las tuyas y su lucha cobra sentido cuando comprendes que quien lo tiene más difícil es, en la mayoría de las ocasiones, quien tiene más ganas de vivir. Habla de lucha, de unión, de búsqueda, de encuentros. La historia de Jess es una historia de identidad de género, de clase, de disidencia, de violencia. Un tatuaje de tinta invisible que queda para siempre. Pero, sobre todo, es una historia de amor, de ése que encuentras cuando vas buscando otra cosa, y te arregla en cierta manera lo que sabías que estaba hecho pedazos. Quizá Leslie Feinberg quiso transmitirnos parte de su historia como se transmite un auténtico blues: melódico, y desgarrador, pero fuerte e intenso; un vaivén de llamadas buscando respuestas que permitan navegar por este mundo sin ahogarse en él.


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